CARACTERÍSTICAS
GEOGRAFICAS
El
conjunto aparece en la Hoja Topográfica
1:25.000 de Manilva (1071-IV) a 36º25’ N
y 5º 16’ W. Perteneciente al termino
municipal de Casares, la Sierra de la Utrera
se encuentra entre los relieves del extremo
Sur-Occidental de la provincia. Esta
localización próxima al Estrecho de
Gibraltar, así como su disposición topográfica,
condicionan una mayor influencia del régimen
atlántico de vientos y precipitaciones con
clara influencia marina a los que queda
completamente abiertos. Actualmente, según
Pezzi Ceretto (1.975b), se vería afectada
por un sistema templado-húmedo de carácter
mediterráneo, con veranos cálidos y
prolongados e inviernos suaves y lluviosos
(800-1.100 mm), lo cual implica una serie de
procesos morfogenéticos como la disolución,
edafogénesis, etc.
Respecto a la vegetación, el área presenta
en la actualidad una cubierta vegetal
dispersa conformada por un matorral medio más
o menos degradado y una formación arbórea
abierta constituida por acebuchales (Oleo
Sylvestris), algarrobos (Ceratonia Siliqua)
y sabinas (Junniperus Turbinata). Cuando la
formación arbórea desaparece, en su lugar
se instala un espinar denso con coscojas
(Quercus Coccifera) y Lentiscos (Pistacia
Lentiscus) como primera etapa de sustitución.
Esta etapa de sustitución, al igual que los
sabinares, pueden asentarse sobre suelos
poco evolucionados constituyendo, en algunas
zonas cono la Rampa de las Hediondas, la
comunidad permanente en paredes y lugares
abruptos. Cuando el matorral se encuentra más
degradado, la siguiente etapa de sustitución
la componen especies como Chamaerops Humilis,
Teucrium Lusitanicum, Phlomis Purpurea,
Micrromeria Latifolia, etc.. Finalmente, la
última etapa de degradación la constituyen
los pastizales entre los que cabe destacar
la riqueza de la flora rupícola, que
aprovecha las numerosas cornisas, grietas y
huecos calizos. La más emblemática es la
Saxifraga Boissieri como elemento endémico.
Por
su parte, la tipología edafológica
contempla la presencia de litosuelos y
protosuelos calizos, suelos raquíticos y de
escaso grosor desarrollados sobre las zonas
denudadas. En las zonas más favorables se
desarrollan suelos más evolucionados de
tipo “terra rosa” e incluso tierras
pardas calizas en las dolinas y pasillos de
la sierra. Sin embargo, los matorrales
circundantes a la misma propician suelos de
matriz margosa sobre litología margocaliza.
CARACTERÍSTICAS
GEOLÓGICAS
Estructura
y Tectónica
Siguiendo la división en formaciones establecida con
carácter formal, la tectónica sitúa geológicamente
a nuestro ámbito de estudio en el extremo
occidental de la Cordillera Bética, una
interesante situación dentro del contexto
estructural de la última cordillera sur
peninsular.
La Sierra de la Utrera forma parte de
una continuidad estructural en los pliegues
del Penibético (Blumenthal, 1.927) hacia el
Sector del Campo de Gibraltar caracterizado
por Martín Algarra (1.987) por ser una
sucesión de anticlinorios y sinclinorios,
cuyo eje de plegamiento muestra en este
sector una fuerte desviación N-S acorde con
la megaestructura del Arco de Gibraltar. La
plataforma Subbética del Dominio Penibético
se extiende hasta esta sierra en forma de
afloramientos aislados y de menor extensión
que aparecen en ventana tectónica bajo los
materiales turbidíticos de las unidades alóctonas
del Surco del Flysch, dibujando el cierre
del Arco de Gibraltar. De hecho, la Sierra
de la Utrera conforma junto a Sierra
Crestellina y el Hacho de Gaucín uno de los
afloramientos carbonatados más destacados
de éste Arco.
La
Sierra de la Utrera se configura
estructuralmente como un pliegue anticlinal
de dirección N-S de unos 5 Kms. de
longitud, de tipo “cofre” o en “champiñón”,
con una amplia bóveda anticlinal de
estratos prácticamente horizontales y unos
flancos ligeramente desiguales y cortos con
buzamientos suaves. De esta manera, como
veremos, el resultado geomorfológico estará
protagonizado por un karst estructural con
una organización estratigráfica en la que
las capas más antiguas se colocan en el
centro.
Esta
estructura es el resultado de un proceso
durante el cual el conjunto litológico
sufrió un empuje orogénico horizontal,
propiciando un levantamiento subhorizontal
de la parte central, mientras que el borde
sufrió una inclinación periclinal.
Consecuentemente, las tensiones internas se
resolvieron con una serie de fracturas y
fallas que trocean todo el conjunto de forma
ortogonal y generalmente de Norte a Sur y de
Este a Oeste, y que condicionó las vías
preferentes de disolución kárstica.
El
análisis de la facturación sobre la
fotografía aérea muestra por un lado un
sistema de Diaclasas longitudinales
tensionales, perpendiculares a la directriz
principal del plegamiento (N-S). Por otra
parte aparecen una serie de fracturas
transversales agrupadas por sectores. El
trabajo de campo ha puesto de manifiesto la
relación existente entre esta facturación
y la karstificación de la Sierra que, al
igual que en otros macizos estudiados (Pezzi,
1.977; Benavente y Sanz de Galdeano, 1.999),
manifiesta el control que la facturación
ejerce sobre las alineaciones de dolinas y
corredores kársticos y, consecuentemente,
sobre el endokarst en la orientación
preferencial de las cavidades en función de
la dirección de las fracturas. El sector más
elevado de la Sierra aparece
extraordinariamente fracturado, distinguiéndose
una doble red supuestamente ligada a la
reacción de la losa caliza a la deformación,
la primera compuesta por pequeñas fracturas
y Diaclasas en dirección E-W, mientras que
la segunda esta compuesta por fracturas y
fallas más importantes de dirección N-S,
siendo la principal una falla normal que
atraviesa el corazón del macizo.
CARACTERÍSTICAS
GEOMORFOLOGICAS
Encuadre
geomorfológico
A fin de ubicar la Sierra de la Utrera en un contexto
geomorfológico determinado que facilite su
comprensión, pueden distinguirse a grandes
rasgos dos conjuntos o comarcas naturales
sobre los que destaca este afloramiento
kárstico. Se encuentra a caballo entre el
Complejo Aloctono del Campo de Gibraltar,
constituido por tierras medias y bajas de
origen arcilloso con pequeños afloramientos
calizos y areniscosos, y los materiales
pliocenos y cuaternarios que forman relieves
alomados sobre margas grises y blancas con
llanuras aluviales en el fondo.
El
modelado
A
grandes rasgos, la Sierra de la Utrera
presenta un relieve encastillado que apenas
resalta topográficamente del entorno,
siendo en conjunto una pesada mole entre las
suaves colinas y llanos circundantes. El
macizo presenta una altitud máxima de 354
metros y un desnivel que supera los 300
metros entre la cima y el Río Manilva, y
esta dividida en dos partes por un cañón
denominado Canuto Grande, que contrasta con
el carácter tabular del resto de la Sierra,
la cual da una impresión morfológica más
suave a pesar de estar muy fragmentada.
Tanto
la disolución como la erosión superficial
han actuado de forma diferencial sobre una
columna estratigráfica desigual de las
calizas del jurásico que ha propiciado el
desarrollo de un modelado en capas
horizontales y escalones, por lo que el tipo
de caliza, así como el tipo de
estratificación en bancos poco potentes,
son determinantes, así como el tipo de
estratificación en bancos poco potentes,
son determinantes en el comportamiento de
los materiales ante la erosión y la
morfología resultante. En este sentido, el
anticlinal esta constituido por tres
unidades geomorfológicas diferentes:
A)
El núcleo “amesetado” de la
Sierra y parte de los bordes inclinados de
la misma está compuesto por el muro de la
formación que sucesivamente alterna caliza
gris-crema masiva de hasta un metro de
espesor (calizas ooliticas en superficie),
principalmente en los flancos y farallones,
junto con niveles de calizas nodulosas rojas
y amarillentas estratificadas en bancos de
hasta 50 centímetros con intercalaciones
delgadas de margas rojas que culminan
nuevamente en unos niveles de calizas
nodulosas.
Las
calizas ooliticas, debido a su composición,
morfológicamente se comportan como un tramo
competente, propiciando grandes resaltes y
produciendo un lapiaz intenso debido a que
muestra la mayor capacidad de absorción de
agua de toda la columna estratigráfica, tal
y como comprobó Pezzi (1.977) en el Torcal
de Antequera. Según este mismo autor (Pezzi,
1.975ª, 1.975b, 1.979), las calizas
ooliticas, al tener un mayor contenido en
carbonato cálcico, desarrollan más
eficazmente los lapiaces que en las calizas
nodulosas suprayacentes.
Por
su parte, las calizas tableadas nodulosas
rojas con intercalaciones margosas propician
una zona de resalte (calizas nodulosas) y
entalladura (calizas nodulosas ligeramente más
margosas) típica de éste tipo de karst.
Este modelado se produce al tener el tramo
compuesto por calizas nodulosas ligeramente
más margosas un mayor contenido en residuos
arcillosos que son bastante erosionables, y
que incluso son eliminados por completo,
dando lugar a piedras caballeras.
La
estratificación de niveles calizos de
diferente naturaleza, así como de calizas
nodulosas ligeramente más margosas, al
igual que la horizontalidad de los mismos
determina una respuesta diferencial ante la
erosión, fundamentalmente por disolución,
de ahí que se generen estas formas
lenticulares y apiladas características del
centro de la Sierra de la Utrera. Dichas
formas sobresalen individualmente y dan un
aspecto ruiniforme al conjunto, un modelado
kárstico caprichoso que la identifica frente
a los terrenos circundantes y que ha
propiciado la denominación popular de ésta
zona de la Sierra como Canchos de la Utrera.
En el flanco Este de la Sierra, en función
de una superficie más inclinada,
encontramos las formas típicas del lapiaz
abarrancado. Este lugar se conoce como Rampa
de las Hediondas.
B)
En torno al paquete principal de
calizas ooliticas y nodulosas, aparece una
superficie de erosión inclinada y
ligeramente irregular caracterizada por la
alternancia de calizas biomicríticas,
margas y margocalizas blancas. Esta
superficie conoce un mayor desarrollo en la
zona Occidental. Aquí la proliferación de
geoformas es muy inferior a la anterior
formación, prevaleciendo unas laderas
desnudas en función de la litología sobre
la que se desarrollan.
C)
La sucesión hacia el borde de la
ventana tectónica está compuesta por las
“Capas Rojas”, una litología que cuando
es exhumada se manifiesta
geomorfologicamente como una losa caliza
inclinada de tonalidades asalmonadas
coincidente con una superficie de
estratificación. Cuando ésta losa es
desmantelada da paso a una erosión
superficial incisiva favorecida por los
materiales más blandos de margas y
margocalizas, como queda patente en los dos
cañones que atraviesan los materiales. El
color rojo del sedimento y la abundancia de
costras ferruginosas indica que la oxigenación
de las aguas en su origen era buena,
favoreciendo una importante actividad biológica
que queda patente en la abundancia del
contenido paleontológico.
Proceso
de Karstificación
Como
es de todos sabido, la karstificación es un
tipo de meteorización química causada por
el agua de lluvia en combinación con dióxido
de carbono (CO2) disuelto que consiste en la
disolución de la roca caliza. El ácido
carbónico (CO3H2) resultante, a pesar de
ser débil, es capaz de transformar el
mineral de calcita (CaCO3) en bicarbonato cálcico,
que es transportado con facilidad lejos de
su origen. Este proceso de carbonatación va
en aumento en la medida en que el contenido
de ácidos húmicos procedentes de la
descomposición de la materia orgánica es
mayor, así como la temperatura. La caliza
se ve entonces atacada por la acción
corrosiva implacable de los ácidos. En
función del contenido en carbonato cálcico
de las calizas, éstas se ven afectadas por
una clara denudación diferencial.
Todo
éste proceso nos ayudará a entender el
desarrollo del paisaje kárstico de la Sierra
de la Utrera y a explicar la progresiva
reducción y erosión de estos terrenos
ricos en óxidos básicos. Como podemos
apreciar, sobre el terreno, a través de las
formas kársticas de absorción superficial
(dolinas, grietas, etc..) penetra el agua en
el interior del macizo circulando por un
medio muy fisurado que propicia un gran
parecido del sistema kárstico con un medio
granular de gran memoria (entendida como
capacidad de regulación) y de importantes
reservas (Pulido Bosch et al., 1.987;
Carrasco et al., 1.998). De hecho, incluso
parte del modelado se ha podido desarrollar
por desagregación y disolución bajo el
suelo (criptogénesis), un modelado que salió
a la luz tras el desmantelamiento de la capa
superficial de la vertiente como
consecuencia de una serie de periodos
erosivos.
Debido
a las filtraciones profundas del pliegue a
través de la red de fracturas, el agua
entra en contacto con los materiales
yesiferos infrayacentes de menor
permeabilidad, propiciando la aparición d
la famosa surgencia de agua sulfurosa
denominada Baños de la Hedionda.
Se
trata de un proceso secuencial que se inicia
cuando aparecen fracturas verticales como
resultado de la presión a la que ha sido
sometido el macizo. Estas son determinantes
en la configuración de la red de drenaje
subterráneo y condicionantes a su vez de la
karstificación superficial que se produce
en la culminación plana del pliegue
anticlinal.
Seguidamente,
el material de descalcificación y la mayor
humedad existente en la zona hundida
condiciona la instalación de una vegetación
que ha su vez propicia un suelo más
profundo y rico en humus. Este humus provoca
una mayor corrosión kárstica debida a los
ácidos.
El
mayor desarrollo del proceso kárstico se
produce cuando los corredores estructurales
presentan sus fondos rellenos de materiales
de descalcificación, y allí donde se
cruzan dos o más corredores por la conexión
de fallas o fisuras, aparecen pequeñas
dolinas de forma irregular. La visión
estereoscópica de las fotografías aéreas
confirma éste hecho, y aquellas dolinas que
no responden a un sistema de fractura
determinado pueden deberse al hundimiento de
techos de cavidades subterráneas concretas.
Coincidiendo con las fracturas mayores se
produce la instalación de la red fluvial
local y posterior encajamiento en
profundidad, como es el caso de los canutos.
Si bien las roturaciones y la tala
indiscriminada pudo ralentizar el proceso
kárstico en otros tiempos, aunque aumentase
la erosión del suelo, en la actualidad, el
abandono tanto de las actividades agrícolas
como la extracción de ruedas de molino
propician el desarrollo de la cubierta
vegetal considerablemente, y con ello el carácter
policíclico del proceso kárstico.
En
cuanto al viento, la Sierra de la Utrera,
como consecuencia de la cercanía al
Estrecho de Gibraltar, se incluye dentro de
un área de intensa erosión eólica donde
el viento impone su marca en la vegetación
y en aquellos medios denudados o con una
cobertura vegetal muy clariseminada. A pesar
de ello, presuponemos que en estos complejos
fenónemos erosivos el agente eólico juega
un papel poco significativo, actuando la
deflacción eólica, si acaso, como proceso
eficaz en el socavado de los materiales
carbonatados más deleznables.
Conclusiones
La morfogénesis kársticas de la Sierra de la Utrera
está condicionada por el sustrato geológico
y el dispositivo estructural. Por una parte
se ha puesto de manifiesto la relación
existente entre la facturación y la
karstificación de la Sierra. Por otra, esta
estrecha vinculación a su peculiar litología
caliza, es causante a su vez de los procesos
morfogenéticos derivados de la misma y que
le otorgan a éste singular afloramiento su
característica fisonomía.
A
su vez, la disposición horizontal de los
estratos facilita la disolución kárstica
laminar de las rocas. Esta morfología ha
sido considerada como la más representativa
del exokarst malagueño, con modelados
ruiniformes sobre calizas tableadas con un
fuerte desarrollo de la erosión diferencial
en las capas de distinto contenido en
carbonatos.
Este
compendio de circunstancias hacen que la
Sierra de la Utrera sea particularmente
destacable entre los macizos kársticos
andaluces por constituir el “típico karst
de mesa”, originando un paisaje insólito,
similar, aunque de menor extensión y
desarrollo al del Torcal de Antequera. Este
relieve encastillado es generativo de
caprichosas geoformas, endorreísmo o
ausencia virtual de drenaje, presencia de
depresiones y fisuras, de cavidades
superficiales, con red de drenaje subterránea,
etc. De igual modo, en función de la génesis
kárstica, también nos encontramos con la
combinación de procesos kársticos y
fluviales, es decir, con fluviocarst,
patente en el desarrollo de varias gargantas
que cortan el anticlinal y que son
denominadas en el lugar como canutos.
Finalmente,
cabe recordar que a la obligación de
difundir el conocimiento geomorfológico de
un área como ésta se añade la necesidad
de obtener una información de gran valor
para el computo del conocimiento geomorfológico
de Andalucía, normalmente parcial y en
muchas ocasiones desconocido. Este interés
se ve incrementado si tenemos en cuenta que
el Karst de la Sierra de la Utrera, por su
ubicación y características, se encuentra
continuamente amenazado en el contexto
socioeconómico de la Costa el Sol. De
acuerdo con Ramírez (1.992), Duran et al.
(1.996) y Colón (1.998), la puesta en
conocimiento de aquellos valores relevantes
deberá contribuir a una equilibrada
explotación del patrimonio geomorfológico,
destacando la habilitación para el turismo
de los karsts, y en especial de las
cavidades y las surgencias kársticas. Este
tipo de turismo blando es completamente
compatible con la conservación del medio,
tanto por las características de las
personas que lo practican, respetuosas con
el medio ambiente, como por que dichas
actividades no suponen una explotación
indiscriminada de los recursos naturales.
Informe
realizado por D. José Gómez Zotano
Geólogo
de la Facultad de Ciencias de la
Universidad
de Granada