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FOTOS: José A. Sepúlveda y Jorge L. Romo

 

  

CARACTERÍSTICAS GEOGRAFICAS

    El conjunto aparece en la Hoja Topográfica 1:25.000 de Manilva (1071-IV) a 36º25’ N y 5º 16’ W. Perteneciente al termino municipal de Casares, la Sierra de la Utrera se encuentra entre los relieves del extremo Sur-Occidental de la provincia. Esta localización próxima al Estrecho de Gibraltar, así como su disposición topográfica, condicionan una mayor influencia del régimen atlántico de vientos y precipitaciones con clara influencia marina a los que queda completamente abiertos. Actualmente, según Pezzi Ceretto (1.975b), se vería afectada por un sistema templado-húmedo de carácter mediterráneo, con veranos cálidos y prolongados e inviernos suaves y lluviosos (800-1.100 mm), lo cual implica una serie de procesos morfogenéticos como la disolución, edafogénesis, etc.

   Respecto a la vegetación, el área presenta en la actualidad una cubierta vegetal dispersa conformada por un matorral medio más o menos degradado y una formación arbórea abierta constituida por acebuchales (Oleo Sylvestris), algarrobos (Ceratonia Siliqua) y sabinas (Junniperus Turbinata). Cuando la formación arbórea desaparece, en su lugar se instala un espinar denso con coscojas (Quercus Coccifera) y Lentiscos (Pistacia Lentiscus) como primera etapa de sustitución. Esta etapa de sustitución, al igual que los sabinares, pueden asentarse sobre suelos poco evolucionados constituyendo, en algunas zonas cono la Rampa de las Hediondas, la comunidad permanente en paredes y lugares abruptos. Cuando el matorral se encuentra más degradado, la siguiente etapa de sustitución la componen especies como Chamaerops Humilis, Teucrium Lusitanicum, Phlomis Purpurea, Micrromeria Latifolia, etc.. Finalmente, la última etapa de degradación la constituyen los pastizales entre los que cabe destacar la riqueza de la flora rupícola, que aprovecha las numerosas cornisas, grietas y huecos calizos. La más emblemática es la Saxifraga Boissieri como elemento endémico.

   Por su parte, la tipología edafológica contempla la presencia de litosuelos y protosuelos calizos, suelos raquíticos y de escaso grosor desarrollados sobre las zonas denudadas. En las zonas más favorables se desarrollan suelos más evolucionados de tipo “terra rosa” e incluso tierras pardas calizas en las dolinas y pasillos de la sierra. Sin embargo, los matorrales circundantes a la misma propician suelos de matriz margosa sobre litología margocaliza.

CARACTERÍSTICAS GEOLÓGICAS 

Estructura y Tectónica 

   Siguiendo la división en formaciones establecida con carácter formal, la tectónica sitúa geológicamente a nuestro ámbito de estudio en el extremo occidental de la Cordillera Bética, una interesante situación dentro del contexto estructural de la última cordillera sur peninsular.  La Sierra de la Utrera forma parte de una continuidad estructural en los pliegues del Penibético (Blumenthal, 1.927) hacia el Sector del Campo de Gibraltar caracterizado por Martín Algarra (1.987) por ser una sucesión de anticlinorios y sinclinorios, cuyo eje de plegamiento muestra en este sector una fuerte desviación N-S acorde con la megaestructura del Arco de Gibraltar. La plataforma Subbética del Dominio Penibético se extiende hasta esta sierra en forma de afloramientos aislados y de menor extensión que aparecen en ventana tectónica bajo los materiales turbidíticos de las unidades alóctonas del Surco del Flysch, dibujando el cierre del Arco de Gibraltar. De hecho, la Sierra de la Utrera conforma junto a Sierra Crestellina y el Hacho de Gaucín uno de los afloramientos carbonatados más destacados de éste Arco.

   La Sierra de la Utrera se configura estructuralmente como un pliegue anticlinal de dirección N-S de unos 5 Kms. de longitud, de tipo “cofre” o en “champiñón”, con una amplia bóveda anticlinal de estratos prácticamente horizontales y unos flancos ligeramente desiguales y cortos con buzamientos suaves. De esta manera, como veremos, el resultado geomorfológico estará protagonizado por un karst estructural con una organización estratigráfica en la que las capas más antiguas se colocan en el centro.

   Esta estructura es el resultado de un proceso durante el cual el conjunto litológico sufrió un empuje orogénico horizontal, propiciando un levantamiento subhorizontal de la parte central, mientras que el borde sufrió una inclinación periclinal. Consecuentemente, las tensiones internas se resolvieron con una serie de fracturas y fallas que trocean todo el conjunto de forma ortogonal y generalmente de Norte a Sur y de Este a Oeste, y que condicionó las vías preferentes de disolución kárstica.

   El análisis de la facturación sobre la fotografía aérea muestra por un lado un sistema de Diaclasas longitudinales tensionales, perpendiculares a la directriz principal del plegamiento (N-S). Por otra parte aparecen una serie de fracturas transversales agrupadas por sectores. El trabajo de campo ha puesto de manifiesto la relación existente entre esta facturación y la karstificación de la Sierra que, al igual que en otros macizos estudiados (Pezzi, 1.977; Benavente y Sanz de Galdeano, 1.999), manifiesta el control que la facturación ejerce sobre las alineaciones de dolinas y corredores kársticos y, consecuentemente, sobre el endokarst en la orientación preferencial de las cavidades en función de la dirección de las fracturas. El sector más elevado de la Sierra aparece extraordinariamente fracturado, distinguiéndose una doble red supuestamente ligada a la reacción de la losa caliza a la deformación, la primera compuesta por pequeñas fracturas y Diaclasas en dirección E-W, mientras que la segunda esta compuesta por fracturas y fallas más importantes de dirección N-S, siendo la principal una falla normal que atraviesa el corazón del macizo.

CARACTERÍSTICAS GEOMORFOLOGICAS

Encuadre geomorfológico 

   A fin de ubicar la Sierra de la Utrera en un contexto geomorfológico determinado que facilite su comprensión, pueden distinguirse a grandes rasgos dos conjuntos o comarcas naturales sobre los que destaca este afloramiento kárstico. Se encuentra a caballo entre el Complejo Aloctono del Campo de Gibraltar, constituido por tierras medias y bajas de origen arcilloso con pequeños afloramientos calizos y areniscosos, y los materiales pliocenos y cuaternarios que forman relieves alomados sobre margas grises y blancas con llanuras aluviales en el fondo. 

El modelado 

   A grandes rasgos, la Sierra de la Utrera presenta un relieve encastillado que apenas resalta topográficamente del entorno, siendo en conjunto una pesada mole entre las suaves colinas y llanos circundantes. El macizo presenta una altitud máxima de 354 metros y un desnivel que supera los 300 metros entre la cima y el Río Manilva, y esta dividida en dos partes por un cañón denominado Canuto Grande, que contrasta con el carácter tabular del resto de la Sierra, la cual da una impresión morfológica más suave a pesar de estar muy fragmentada.

   Tanto la disolución como la erosión superficial han actuado de forma diferencial sobre una columna estratigráfica desigual de las calizas del jurásico que ha propiciado el desarrollo de un modelado en capas horizontales y escalones, por lo que el tipo de caliza, así como el tipo de estratificación en bancos poco potentes, son determinantes, así como el tipo de estratificación en bancos poco potentes, son determinantes en el comportamiento de los materiales ante la erosión y la morfología resultante. En este sentido, el anticlinal esta constituido por tres unidades geomorfológicas diferentes: 

A)   El núcleo “amesetado” de la Sierra y parte de los bordes inclinados de la misma está compuesto por el muro de la formación que sucesivamente alterna caliza gris-crema masiva de hasta un metro de espesor (calizas ooliticas en superficie), principalmente en los flancos y farallones, junto con niveles de calizas nodulosas rojas y amarillentas estratificadas en bancos de hasta 50 centímetros con intercalaciones delgadas de margas rojas que culminan nuevamente en unos niveles de calizas nodulosas.

   Las calizas ooliticas, debido a su composición, morfológicamente se comportan como un tramo competente, propiciando grandes resaltes y produciendo un lapiaz intenso debido a que muestra la mayor capacidad de absorción de agua de toda la columna estratigráfica, tal y como comprobó Pezzi (1.977) en el Torcal de Antequera. Según este mismo autor (Pezzi, 1.975ª, 1.975b, 1.979), las calizas ooliticas, al tener un mayor contenido en carbonato cálcico, desarrollan más eficazmente los lapiaces que en las calizas nodulosas suprayacentes.

   Por su parte, las calizas tableadas nodulosas rojas con intercalaciones margosas propician una zona de resalte (calizas nodulosas) y entalladura (calizas nodulosas ligeramente más margosas) típica de éste tipo de karst. Este modelado se produce al tener el tramo compuesto por calizas nodulosas ligeramente más margosas un mayor contenido en residuos arcillosos que son bastante erosionables, y que incluso son eliminados por completo, dando lugar a piedras caballeras.

   La estratificación de niveles calizos de diferente naturaleza, así como de calizas nodulosas ligeramente más margosas, al igual que la horizontalidad de los mismos determina una respuesta diferencial ante la erosión, fundamentalmente por disolución, de ahí que se generen estas formas lenticulares y apiladas características del centro de la Sierra de la Utrera. Dichas formas sobresalen individualmente y dan un aspecto ruiniforme al conjunto, un modelado kárstico caprichoso que la identifica frente a los terrenos circundantes y que ha propiciado la denominación popular de ésta zona de la Sierra como Canchos de la Utrera. En el flanco Este de la Sierra, en función de una superficie más inclinada, encontramos las formas típicas del lapiaz abarrancado. Este lugar se conoce como Rampa de las Hediondas. 

B)  En torno al paquete principal de calizas ooliticas y nodulosas, aparece una superficie de erosión inclinada y ligeramente irregular caracterizada por la alternancia de calizas biomicríticas, margas y margocalizas blancas. Esta superficie conoce un mayor desarrollo en la zona Occidental. Aquí la proliferación de geoformas es muy inferior a la anterior formación, prevaleciendo unas laderas desnudas en función de la litología sobre la que se desarrollan. 

C)   La sucesión hacia el borde de la ventana tectónica está compuesta por las “Capas Rojas”, una litología que cuando es exhumada se manifiesta geomorfologicamente como una losa caliza inclinada de tonalidades asalmonadas coincidente con una superficie de estratificación. Cuando ésta losa es desmantelada da paso a una erosión superficial incisiva favorecida por los materiales más blandos de margas y margocalizas, como queda patente en los dos cañones que atraviesan los materiales. El color rojo del sedimento y la abundancia de costras ferruginosas indica que la oxigenación de las aguas en su origen era buena, favoreciendo una importante actividad biológica que queda patente en la abundancia del contenido paleontológico.

Proceso de Karstificación 

   Como es de todos sabido, la karstificación es un tipo de meteorización química causada por el agua de lluvia en combinación con dióxido de carbono (CO2) disuelto que consiste en la disolución de la roca caliza. El ácido carbónico (CO3H2) resultante, a pesar de ser débil, es capaz de transformar el mineral de calcita (CaCO3) en bicarbonato cálcico, que es transportado con facilidad lejos de su origen. Este proceso de carbonatación va en aumento en la medida en que el contenido de ácidos húmicos procedentes de la descomposición de la materia orgánica es mayor, así como la temperatura. La caliza se ve entonces atacada por la acción corrosiva implacable de los ácidos. En función del contenido en carbonato cálcico de las calizas, éstas se ven afectadas por una clara denudación diferencial.

   Todo éste proceso nos ayudará a entender el desarrollo del paisaje kárstico de la Sierra de la Utrera y a explicar la progresiva reducción y erosión de estos terrenos ricos en óxidos básicos. Como podemos apreciar, sobre el terreno, a través de las formas kársticas de absorción superficial (dolinas, grietas, etc..) penetra el agua en el interior del macizo circulando por un medio muy fisurado que propicia un gran parecido del sistema kárstico con un medio granular de gran memoria (entendida como capacidad de regulación) y de importantes reservas (Pulido Bosch et al., 1.987; Carrasco et al., 1.998). De hecho, incluso parte del modelado se ha podido desarrollar por desagregación y disolución bajo el suelo (criptogénesis), un modelado que salió a la luz tras el desmantelamiento de la capa superficial de la vertiente como consecuencia de una serie de periodos erosivos.

   Debido a las filtraciones profundas del pliegue a través de la red de fracturas, el agua entra en contacto con los materiales yesiferos infrayacentes de menor permeabilidad, propiciando la aparición d la famosa surgencia de agua sulfurosa denominada Baños de la Hedionda.

    Se trata de un proceso secuencial que se inicia cuando aparecen fracturas verticales como resultado de la presión a la que ha sido sometido el macizo. Estas son determinantes en la configuración de la red de drenaje subterráneo y condicionantes a su vez de la karstificación superficial que se produce en la culminación plana del pliegue anticlinal.

   Seguidamente, el material de descalcificación y la mayor humedad existente en la zona hundida condiciona la instalación de una vegetación que ha su vez propicia un suelo más profundo y rico en humus. Este humus provoca una mayor corrosión kárstica debida a los ácidos.

   El mayor desarrollo del proceso kárstico se produce cuando los corredores estructurales presentan sus fondos rellenos de materiales de descalcificación, y allí donde se cruzan dos o más corredores por la conexión de fallas o fisuras, aparecen pequeñas dolinas de forma irregular. La visión estereoscópica de las fotografías aéreas confirma éste hecho, y aquellas dolinas que no responden a un sistema de fractura determinado pueden deberse al hundimiento de techos de cavidades subterráneas concretas. Coincidiendo con las fracturas mayores se produce la instalación de la red fluvial local y posterior encajamiento en profundidad, como es el caso de los canutos. Si bien las roturaciones y la tala indiscriminada pudo ralentizar el proceso kárstico en otros tiempos, aunque aumentase la erosión del suelo, en la actualidad, el abandono tanto de las actividades agrícolas como la extracción de ruedas de molino propician el desarrollo de la cubierta vegetal considerablemente, y con ello el carácter policíclico del proceso kárstico.

   En cuanto al viento, la Sierra de la Utrera, como consecuencia de la cercanía al Estrecho de Gibraltar, se incluye dentro de un área de intensa erosión eólica donde el viento impone su marca en la vegetación y en aquellos medios denudados o con una cobertura vegetal muy clariseminada. A pesar de ello, presuponemos que en estos complejos fenónemos erosivos el agente eólico juega un papel poco significativo, actuando la deflacción eólica, si acaso, como proceso eficaz en el socavado de los materiales carbonatados más deleznables. 

Conclusiones 

   La morfogénesis kársticas de la Sierra de la Utrera está condicionada por el sustrato geológico y el dispositivo estructural. Por una parte se ha puesto de manifiesto la relación existente entre la facturación y la karstificación de la Sierra. Por otra, esta estrecha vinculación a su peculiar litología caliza, es causante a su vez de los procesos morfogenéticos derivados de la misma y que le otorgan a éste singular afloramiento su característica fisonomía.

   A su vez, la disposición horizontal de los estratos facilita la disolución kárstica laminar de las rocas. Esta morfología ha sido considerada como la más representativa del exokarst malagueño, con modelados ruiniformes sobre calizas tableadas con un fuerte desarrollo de la erosión diferencial en las capas de distinto contenido en carbonatos.

   Este compendio de circunstancias hacen que la Sierra de la Utrera sea particularmente destacable entre los macizos kársticos andaluces por constituir el “típico karst de mesa”, originando un paisaje insólito, similar, aunque de menor extensión y desarrollo al del Torcal de Antequera. Este relieve encastillado es generativo de caprichosas geoformas, endorreísmo o ausencia virtual de drenaje, presencia de depresiones y fisuras, de cavidades superficiales, con red de drenaje subterránea, etc. De igual modo, en función de la génesis kárstica, también nos encontramos con la combinación de procesos kársticos y fluviales, es decir, con fluviocarst, patente en el desarrollo de varias gargantas que cortan el anticlinal y que son denominadas en el lugar como canutos.

   Finalmente, cabe recordar que a la obligación de difundir el conocimiento geomorfológico de un área como ésta se añade la necesidad de obtener una información de gran valor para el computo del conocimiento geomorfológico de Andalucía, normalmente parcial y en muchas ocasiones desconocido. Este interés se ve incrementado si tenemos en cuenta que el Karst de la Sierra de la Utrera, por su ubicación y características, se encuentra continuamente amenazado en el contexto socioeconómico de la Costa el Sol. De acuerdo con Ramírez (1.992), Duran et al. (1.996) y Colón (1.998), la puesta en conocimiento de aquellos valores relevantes deberá contribuir a una equilibrada explotación del patrimonio geomorfológico, destacando la habilitación para el turismo de los karsts, y en especial de las cavidades y las surgencias kársticas. Este tipo de turismo blando es completamente compatible con la conservación del medio, tanto por las características de las personas que lo practican, respetuosas con el medio ambiente, como por que dichas actividades no suponen una explotación indiscriminada de los recursos naturales.             

Informe realizado por D. José Gómez Zotano

Geólogo de la Facultad de Ciencias de la 

Universidad de Granada

 

 

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